Spittelberg

desde 1525


Spittelberg, antiguamente un barrio extramuros, es hoy una de las zonas más interesantes de Viena. Su historia se remonta ya varios siglos atrás: en la Edad Media fue tierra de pastos y más tarde albergó numerosos viñedos.

En 1525, el Hospital adquirió los terrenos y en 1568 se construyeron las primeras ocho casas. Estas son las edificaciones más antiguas conocidas de Spittelberg.

En 1675, Christoph Sigmund Freiherr von Kirchberg adquirió los terrenos y comenzó a alquilar parcelas muy estrechas (una braza cuadrada = 1,90 x 1,90 m) por 1 florín al año. Los inquilinos eran sobre todo croatas que trabajaban de sol a sol en las explotaciones agrícolas cercanas.

En 1692, el Hospital compró el terreno de nuevo a los herederos de Kirchberg. En aquel confinado espacio había 120 casas.

Por desgracia, los límites de Spittelberg se convirtieron en la zona de despliegue para el bombardeo de la ciudad; así que los turcos y muchos estrategas aprovecharon esta disposición. Las casas resultaron destrozadas por la guerra y reducidas a cenizas. Muchos de los vecinos fallecieron. Más tarde, se asentaron nuevos grupos. Se trataba, especialmente, de artistas de Spittelberg: pintores, escultores, músicos y artesanos, como estucadores o comerciantes. Empezaron a surgir pequeños talleres, y pronto había despachos de cerveza y vino en todas las casas. Los músicos con sus canciones burlescas y sus melodías para bailar al son de la cerveza “Bierausschankmäntscher” animaban la vida en Spittelberg. Los vecinos disfrutaron de la nueva libertad fuera de la ciudad y lejos de la policía secreta. Fue una sociedad alegre, cuya reputación se arruinó rápidamente a causa del periodismo sensacionalista. En seguida acudieron los aristócratas, los burgueses y los funcionarios para divertirse. Las mozas y los dueños de posadas no cabían de gozo.

A finales del siglo XIX, todo empezó a ir cuesta abajo para Spittelberg. Se desarrolló una nueva forma de prostitución que sobrevivió hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial, cuando esta profesión desapareció por completo y Spittelberg se sumió en un profundo sueño.

Tras la Segunda Guerra Mundial, en Spittelberg vivían sobre todo personas mayores y trabajadores extranjeros. En la década de los setenta, tuvieron la desfachatez de proponer la demolición de Spittelberg para construir una casa consistorial desde Spittelberggasse hasta Kirchengasse. Todo el mundo estaba de acuerdo, incluso la asociación comunal y el ayuntamiento. Por primera vez, los vecinos decidieron participar activamente. Un pequeño grupo de arquitectos, conservadores de monumentos y miopes consideraba que se debía aniquilar un gran bien cultural de este barrio. Por eso nace la primera iniciativa popular de la ciudad: “Salvemos Spittelberg”. Finalmente, el municipio de Viena se encargó del saneamiento y compró varias casas con la intención de renovarlas.

En 1973 se declaró el barrio “zona protegida” y de este modo hemos podido conservar esta maravillosa “aldea” dentro de la ciudad.

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